6 de agosto de 2008

¿Placer o esclavitud?

La actividad deportiva es un factor clave para el crecimiento de los niños y niñas. El deporte es salud y al mismo tiempo, es un agente socializador de importancia. Cuando los chicos comienzan a hacer deportes empiezan a relacionarse con otros niños y niñas, a reunirse con sus pares. El deporte permite poner el cuerpo en acción, moverse y así, expresarse. Es, fundamentalmente, juego, e incluye un espacio para la competencia. Al practicar deportes los chicos aprenden a incorporar reglas jugando a ganar y a perder, y viceversa.
La socialización empieza a partir de los cinco años hasta los once o doce, en esta etapa los chicos empiezan a incluir al otro y tenerlo en cuenta para distintas actividades. Algunas características son que los chicos tienen la posibilidad de incorporarse a grupos para compartir tareas y juegos generándoles un espíritu cooperativo. También el aprendizaje de habilidades y destrezas técnicas, el saber competir, tomar decisiones por sí mismo. Además poder responder a consignas de maestros derivadas en el proceso de enseñanza.
Pero que sucede cuando el juego deportivo está estructurado en función del éxito, cuando lo que importa son los resultados y el principio rector es ganar a cualquier precio, el juego deja de ser tal y la lucha por la victoria se convierte en un sufrimiento. Así, jugar a la pelota, nadar, practicar tenis, aprender a dar grandes saltos, tacklear a un compañero, de divertid no tiene nada.

¡Mirá, te hice socio del club de mis amores, al que me llevaba el abuelo! ¡Feliz cumple. Te traje el equipo completo de regalo!. Y… ¿aprendiste a hacer jueguito? ¿Le vas a dedicar el triunfo de hoy a mamá?, ¿Cómo que empataron?, ¿Por qué te dejaron en el banco?, ¿Querés dejar el entrenamiento?, ¿No te gusta más el fútbol?


Incentivados por sus padres, los chicos comienzan a ir al club, a desarrollar destrezas y a gozar del juego del deporte, pero muchas veces, pasado un tiempo, esos mismos niños empiezan a poner excusas para no ir a la práctica: dicen que están cansados o que no tienen los botines que necesitan. Los papás, desorientados, dolidos también por el bajo rendimiento y la negatividad de sus hijos a seguir 'jugando', no logran ver que sus niños están queriendo decirles de alguna manera que algo no anda bien en ese juego.

Vivimos en una sociedad exitista, lo único que importa es ganar, los chicos reciben estos mensajes desde las publicidades de los canales infantiles, no se los invita a tomar la leche para jugar, se les propone tomar la leche para ganar, y muchos veces los padres, 'sin querer queriendo', incentivan esto.
Los padres pueden ser una guía y un agente motivador tanto como un factor de presión. Podemos graficar dos tipos de miradas de padres: uno, el que le pregunta al hijo luego de un partido: ¿te divertiste?, y el otro que pregunta: ¿ganaste? Lo fundamental, como padres, cuando nuestros hijos se inician en la actividad deportiva, es acompañarlos. Muchas veces los padres, aún con las mejores intenciones, proyectan en los hijos su ansiedad, los objetivos cambiados, las propias frustraciones y se convierten en una presión que resulta un fuerte obstáculo tanto para la diversión como para el desarrollo deportivo y humano de ese chico

Ganar, ¿siempre ganar?
Desde el comienzo de los tiempos el hombre -occidental- ha pretendido, y buscado, ganar, en el deporte, en el arte, en la guerra, en la política. En nuestros tiempos, el éxito, la fama, la gloria, la victoria se imponen como ejes rectores de la vida toda. Y los niños, aún desde la más temprana infancia, no están exentos de los mensajes exitistas.
El problema en la actualidad es que se confunde la victoria, por la que constitutivamente se lucha en el deporte, con la fama y el dinero. Pero el ser famoso y mediático, tener dinero, no garantiza la felicidad.
Si no nos olvidamos que ganar es lo único, no vamos a hacer otra cosa que transmitir ese mandamiento. Callejón sin salida para los chicos. No obstante, el ser humano por estructura, es competitivo. No importa a qué juegue uno siempre quiere ganar, nadie juega para no ganar el tema es que eso no esté en primer plano, el eje hay que ponerlo en el buen desempeño, que ganar sea una consecuencia y no una causa, y más aún en edades formativas.